
Apresurado abrí la ventana de par en par buscando la luz del sol, pero al instante me di cuenta que era de noche, pensé que aquí era diferente, porque conozco un lugar que es tan frío como los polos de la tierra, sin embargo allí podía ver el sol y siempre había una sonrisa, no inventada… una verdadera, esas sonrisas que no curan, pero que te hacen sentir bien. En esa ciudad fría no hay estrellas, pero si miras al mar vez el reflejo de las luces a forma de estrellas… puedes pedir deseos en los abismos y si tienes suerte te contaran una leyenda fantástica de esas que enamoran, cantaras libertad… mientras olvidas lo que era importante, rogando con todas tus fuerzas que las cosas no se vuelvan a repetir y al final lo más triste será decir adiós… ya en el sexto día y no sale el sol.